Carlos Duarte Costa y la ICAB
En el contexto de la Diócesis Padre Montesinos y la búsqueda identitaria de una Iglesia nacionalista y un sacerdocio nacional
Padre José Enerio Vásquez

Debemos puntualizar que Carlos Duarte Costa no fue, ni pretendió ser, un escritor o un erudito del pensamiento filosófico o teológico, como tampoco lo fueron otros fundadores de instituciones, por ejemplo, los de algunas órdenes religiosas. Estos fundadores tendían a ser más prácticos que teóricos: buscaban responder a las necesidades coyunturales.
El pensamiento de Duarte Costa resulta muy relevante, no por su profundidad conceptual e intelectual, sino por su pragmatismo para responder a una Iglesia que se había distanciado de la esencia evangélica y se había aliado con las corrientes políticas de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial. El fascismo italiano, con Mussolini, y el nazismo alemán, con Hitler, durante los pontificados de Pío XI y Pío XII, constituyen un contexto histórico
sumamente interesante.
Habría que diferenciar al Duarte Costa anterior a su conversión. En esa época, lo más importante es la redacción de su catecismo, que le valió el título honorífico de monseñor.
Duarte Costa evoluciona y llega a adoptar una posición radical en las prácticas evangélicas y
en su opción preferencial por los pobres, llegando a vender propiedades de la Iglesia para distribuir lo obtenido entre comunidades pobres de su diócesis, lo que acentuó el disgusto del Vaticano. Esto, sumado a sus diferencias con el fascismo y a las injusticias sociales de principios del siglo XX, lo llevó a distanciarse de Roma.
La vida de Duarte Costa como escritor se reduce a sus cartas pastorales, catequesis y escritos administrativos y, en la segunda etapa de su vida, como disidente abierto de Roma, a un manifiesto de fuerte tendencia política y a cartas doctrinales con las que deja fundada la Iglesia Católica Apostólica Brasileña (ICAB).
Su postura y sus críticas frente a la Iglesia de Roma son valiosas y visionarias, adelantándose al Concilio Vaticano II en puntos como la liturgia en lenguas vernáculas. Y, en lo referente al celibato, aún le lleva diez minutos de ventaja a la Iglesia romana.
Con la propuesta del celibato opcional y otros puntos, como la opción preferencial por los pobres, la posibilidad de un segundo matrimonio para parejas divorciadas sin temor a la excomunión y la confesión comunitaria, Duarte Costa se puso a la vanguardia en asuntos eclesiales de primer orden.
Estos planteamientos fueron muy revolucionarios para la época y, aún hoy, siguen molestando a muchas personas dentro y fuera de la Iglesia de Roma.
En cuanto a la tan aclamada Iglesia nacional o nacionalista y al concepto de sacerdocio nacional o nacionalista, tengo mis reservas, fundadas no en criterios personales, sino en la diferencia conceptual de los contextos históricos. Ser nacionalista en la coyuntura de posguerra en la que vivió Duarte Costa y ser nacionalista en los momentos actuales no
significa lo mismo.
Veamos:
El nacionalismo de posguerra (tras la Segunda Guerra Mundial) se centra en la descolonización y la creación de nuevos Estados nacionales. El nacionalismo actual reacciona contra la globalización, enfocándose en la soberanía económica y el control cultural y migratorio.
En el nacionalismo de posguerra, la corriente ideológica dominante era la izquierda, y el
tercermundismo constituía una corriente antiimperialista.
El nacionalismo actual no busca crear nuevos Estados, sino recuperar el control de los ya existentes. Pero hay un dato muy relevante: mientras los representantes del nacionalismo de los tiempos de Duarte Costa eran de pensamiento progresista, de izquierda, los del
nacionalismo de ahora son derechistas de la línea de Donald Trump, políticos populistas y neoliberales.
Como se puede ver, convendría preguntarse, ante el giro conceptual que ha dado el mundo respecto de lo nacional y del nacionalismo desde la posguerra hasta hoy: ¿todavía querría Duarte Costa identificarse como nacionalista?





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