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EL DRAMA DE UNA ADOLESCENTE DOMINICANA

hace 11 minutos
2 min de lectura

Por: Padre Enerio Vásquez


Loren no lo vio venir. Su cuerpo de niña estaba cambiando ante los ojos de todos. Las vecinas hablaban en voz baja cuando la veían pasar, y ella misma percibía alteraciones inusuales en todo su ser. Aún no lo sabía, pero su historia reflejaba un drama que las estadísticas nacionales llevan años denunciando. Según UNICEF, con base en la encuesta ENHOGAR-MICS 2019, una de cada cinco adolescentes dominicanas de entre 15 y 19 años ya había tenido un hijo o estaba embarazada del primero. La tasa de fecundidad adolescente se situaba en 77 nacimientos por cada mil jóvenes de ese grupo de edad.


Loren no tenía conciencia de la dimensión de su nuevo estado. Tampoco imaginaba las consecuencias que tendría para su presente ni para su porvenir. Su vientre crecía irremediablemente y, con el paso de los meses, los cambios se hacían visibles. El sacerdote que celebraba misa los domingos no se enteró. Al fin y al cabo, aquella niña y su madre no asistían a misa.


El presidente de la República tampoco se enteró. Era un caso individual, aparentemente insignificante para un jefe de Estado ocupado en grandes asuntos. No ocurrió lo mismo con su profesora. Ella se enteró y actuó: mandó a buscar a la madre de Loren y juntas acudieron a la dirección del centro educativo. La sentencia no se hizo esperar:


—Madre, su hija no puede volver a la escuela. Búsquele un cupo en un programa nocturno para adultos.

—Pero mi hija es una niña. Solo tiene catorce años —respondió la madre.

—Señora, su hija está embarazada —recalcó la directora, como si fuera necesario recordarlo—. Eso cambia su situación. Ya no puede continuar aquí.


Loren sintió que el mundo se le derrumbaba. La vida le cerraba las puertas. No solo las vecinas murmuraban al verla pasar; sus amiguitas comenzaron a evitarla. Tenían instrucciones explícitas de sus padres: «Es un mal ejemplo», decían. Sin saberlo, su mundo se había reducido a una habitación en la casa de su madre.


Tiempo después se supo quién había embarazado a Loren: era Héctor, un compañero de su curso de apenas dieciséis años. A él, sin embargo, no lo expulsaron de la escuela. Nadie parecía apartarse de él ni considerarlo un mal ejemplo. Cosas de la vida.


Frente a este drama, conviene preguntarse: ¿qué está pasando con nuestro sistema educativo? ¿Por qué tanta discriminación? ¿Por qué no se protege y se trata con la misma dignidad a niños y niñas?


El presupuesto asignado al Ministerio de Educación para 2025 superó los 297 mil millones de pesos. Y, sin embargo, seguimos enfrentando graves deficiencias en la calidad educativa y en las respuestas de apoyo a las adolescentes embarazadas. Nuestro país se ha situado entre los de mayor fecundidad adolescente de América Latina y el Caribe, como ha advertido UNICEF.


Nuestras niñas, niños y adolescentes necesitan con urgencia mayor atención, una educación integral y políticas públicas capaces de abrirles caminos hacia el futuro.


No más niñas desamparadas y tristes solo por llevar en el vientre una cometa que pronto querrá volar, mientras ellas cargan con las consecuencias de la falta de educación y orientación tempranas y adecuadas.

 
 
 

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