LA FE Y LOS MILAGROS.
- Rafael Moronta
- hace 18 horas
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Por: P. José Enerio Vásquez.

A los humanos nos gustan los milagros pero, no los pequeños, sino los grandes.
Para tener fe estamos en espera de que nos tumben del caballo. Una señal poderosa.
Despertar cada día y ver la gracias del padre dorada y brillante a través de la ventana, no es suficiente, salir al patio y contemplar al capuyo de ayer convertido en una hermosa flor, natural, fresca, viva, frágil y efímera pero real. No nos dice nada. La duda nos asalta. Es tan natural que respire, que despierte por las mañanas, que obtenga el pan de cada día, que se ponga el Sol y brille, que salga la luna, que parpadeen las estrellas que necesitamos una señal del cielo.
Y nos preguntamos, ¿por qué no ocurren ya milagros como lo de aquel tiempo? Y la voz del maestro como un susurro llega a mis oídos... "si tuviera fe como un grano de mostaza, podría decir a este monte, quítate de aquí y ponte allá.
¿Por qué no podemos curar a los enfermos con la palabra. Y vuelvo a oír la voz del nazareno," hombre de poca fe, ¿por qué dudas?
En los evangelios de Mateo, Lucas y Marcos se narra el encuentro de Jesús y el ciego Bartimeo, éste llama a Jesús y el Señor envía a buscarlos, al llegar le pregunta, ¿qué quieres que haga por ti? Señor, que vea respondió Jesús le dijo : tu fe te ha salvado, en seguida recobra la vista. Nótese que el milagro se realiza en la fe y por la fe del ciego. Hágase según has creído.
La fe mueve montaña pero, hemos entendido mal, queremos mover la montaña para tener fe, olvidamos que la fe es la condición para que ésta se mueva.
Hemos despertado una y otra vez por las mañanas, hemos vistos incontables puesta de Sol, brillar y parpadear las estrellas en noches oscuras. Y seguimos esperando que nos tumben del caballo. Seguimos esperando una señal del cielo.




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