CARLOS DUARTE COSTA Y SU MANIFIESTO
Aproximación histórica en el contexto de la Diócesis Padre Montesinos en su búsqueda de una identidad desde la cual dar a conocer y realizar el Reino de Dios a la luz del Jesús del Evangelio.
Por: Padre Enerio Vasquez

Nacido el 21 de julio de 1888, en la residencia de su tío, en Río de Janeiro, Brasil.
Nótese ese dato de su nacimiento: no ocurre en casa de sus padres, sino de su tío.
Su padre fue João Marta Francisco Costa y su madre la señora María Carlota Duarte da Silva Costa.
A los 9 años fue llevado por su tío, obispo de Goiás, a Italia para estudiar en el Colegio Pío Latino Americano de Roma.
Ordenado sacerdote el primero de abril de 1911 por su tío obispo, Eduardo Duarte Silva. En 1924, el Papa Pío XI lo nombra obispo de Botucatu; tenía para entonces 36 años.
Duarte Costa estuvo marcado por su contexto histórico: las dos grandes guerras, la Primera Guerra Mundial iniciada en 1914 y que se mantuvo por cuatro años, y la Segunda Guerra Mundial iniciada el primero de septiembre de 1939. Vivir en tiempo de guerra es difícil: crisis económicas, escasez y, sobre todo, el gran trauma colectivo, sin hablar de eventos tan traumáticos como el Holocausto con el sacrificio de seis millones de judíos en los campos de concentración alemanes y el lanzamiento de las dos bombas nucleares, operación ejecutada por Estados Unidos.
La historia de un hombre debe ser vista y analizada en su contexto sociopolítico; de ahí que tenga relevancia destacar el impacto de estas guerras en la vida de nuestro Padre fundador de la ICAB.
Pero hay más: imagina que te levantas por la mañana y, al abrir el periódico, encuentras en primera plana que tu pastor, el obispo de Roma con el que compartes el ministerio sacerdotal, ahora es un jefe de Estado y su entorno geográfico un territorio político: Estado del Vaticano. ¡Qué decepción! Pues eso ocurrió durante el pontificado de Pío XI, estando nuestro Carlos Duarte en pleno ejercicio de su vida sacerdotal. Con el Tratado de Letrán en 1929, el Cardenal Pietro Gasparri, representando al Pontífice, y Benito Mussolini, representando al rey Víctor Manuel III, consumaron este hecho que aún hoy deja mucho que decir de la Iglesia de Jesús, quien se caracterizó por no tener dónde reclinar su cabeza.
Es de entenderse el desenlace y fundación de la ICAB tras la excomunión en 1945, llevada a cabo por el Papa Pío XII, y su manifiesto con sus puntos medulares que hoy sirven de sostén a la Iglesia Católica Apostólica Brasileña (ICAB).
Columna vertebral del Manifiesto:
A) Nivel teológico: un cristianismo evolutivo. Propuso un retorno a las raíces teológicas del cristianismo del siglo III, pero adaptado a la época.
Un cristianismo puro: colocar a Jesucristo como el único centro de fe y la salvación.
Rechazo a la infalibilidad papal.
Teología de la liberación y justicia social. La Iglesia ha de concentrarse en la defensa de los pobres.
B) A nivel eclesial: cuestionó la estructura piramidal romana proponiendo un modelo participativo.
Eliminación del celibato obligatorio.
Gobernanza democrática y colegiada.
Inclusión litúrgica en lenguas vernáculas.
Resulta incómodo saber que a más de 80 años de este manifiesto en la ICAB aún no hay un ejercicio democrático pleno; de hecho, cuánto les cuesta a nuestros obispos y sacerdotes despegarse del poder y ejercer un modelo de autoridad evangélica que no se centre en su ego («yo soy el obispo»), sino en la razón y en un espíritu comunitario y fraterno. Pero como dice el refrán: del dicho al hecho hay un gran trecho.
C) Nivel político: Nacionalista (nacionalismo según el contexto histórico del momento; hoy sería, tal vez, solidaria y comunitaria). Antiimperialista del Vaticano.
Ruptura con el Vaticano.
Iglesia libre.
Alineamiento con el socialismo cristiano.
En la historia de una persona diez años es mucho tiempo, pero en la historia de una institución 80 años es un día; sin embargo, no podemos dormirnos en los logros de nuestro fundador: debemos reflexionar día a día y actualizar nuestros métodos de evangelizar de acuerdo a las necesidades y al ritm
o de los tiempos actuales. Debemos crear ese modelo de iglesia democrática, participativa y colegiada más allá de las narrativas, aunque duela.





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