Más allá de la derecha y la izquierda hacia una nueva conciencia social vertizontal
- Rafael Moronta
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Por: Padre Marino Alcantara
Sacerdote Diocesis Padre Montesinos

El propósito no es sustituir una ideología por otra, sino abrir un camino de aprendizaje y desaprendizaje que permita recuperar lo más esencial: la centralidad del ser humano, su dignidad profunda y su vocación trascendente.
Vivimos en una época en la que los grandes problemas de la humanidad ya no caben dentro de las viejas categorías con las que aprendimos a interpretar la realidad.
Durante décadas y en realidad durante siglos se nos enseñó a pensar el mundo desde un eje simplificado: derecha, izquierda, centro derecha y centro izquierda.
Esta forma de clasificar la vida social, política y cultural fue útil en un momento histórico determinado, pero hoy se ha convertido en una estructura mental anquilosada que limita nuestra capacidad de comprender la complejidad del ser humano y de su tiempo.
El verdadero agotamiento de este esquema no es ideológico, es antropológico.
El ser humano ha cambiado. Sus vínculos, su manera de aprender, de informarse, de relacionarse con el poder, con la tecnología, con la economía y con la espiritualidad ya no responden a las lógicas que dieron origen a las grandes ideologías modernas.
Sin embargo, seguimos intentando interpretar una realidad profundamente nueva con categorías viejas.
Esta reducción ha provocado un empobrecimiento del debate público. Todo termina siendo filtrado por una pertenencia política previa, y ya no por un discernimiento ético profundo.
La pregunta central deja de ser qué humaniza y qué deshumaniza, para transformarse en a qué bando pertenece esta propuesta.
Desde una perspectiva cristiana, esta lógica resulta todavía más problemática. El Evangelio no nació para sostener sistemas ideológicos, sino para liberar personas concretas.
La fe cristiana no puede quedar atrapada en una geografía política, porque su centro no es una doctrina social cerrada, sino la dignidad de cada ser humano creado por Dios.
Cuando la tradición bíblica afirma que el justo se sienta a la derecha del Padre, no está consagrando una jerarquía política ni un lugar de poder humano. Está utilizando un lenguaje simbólico que expresa cercanía, protección y comunión.
Sin embargo, la cultura moderna terminó proyectando sobre este lenguaje una lectura de dominación, jerarquía y superioridad.
Así, incluso los símbolos espirituales fueron colonizados por una lógica de poder.
Hoy, el verdadero conflicto que atraviesa a nuestras sociedades no se da entre derecha e izquierda, sino entre estructuras que promueven la vida y estructuras que convierten al ser humano en un medio: medio económico, medio electoral, medio productivo o medio tecnológico.
Por eso se vuelve urgente recuperar una nueva forma de pensar lo social, una filosofía que no parta de ideologías cerradas, sino de criterios humanos y trascendentes.
No se trata de inventar un nuevo rótulo político, sino de desplazar el eje del análisis.
No más una política de posiciones.
Sí una política de conciencia.
No más una ideopolítica.
Sí una antropopolítica.
Una política que se deje interpelar, antes que nada, por la vida concreta de los pobres, de los excluidos, de los niños, de los ancianos, de las víctimas invisibles del sistema, de los descartados por la economía y por la cultura de la eficiencia.
La pregunta decisiva para nuestro tiempo no debería ser: ¿es de derecha o es de izquierda? Sino: ¿esto genera más dignidad? ¿esto produce más libertad real? ¿esto fortalece la autonomía de las personas? ¿esto cuida la vida en todas sus etapas? ¿esto construye una sociedad más justa?
Desde esta perspectiva surge la necesidad de un nuevo horizonte de pensamiento que podemos denominar, de manera inicial, ética vertizontal del bien común: una mirada que nose mueve únicamente en el plano horizontal de las disputas ideológicas, sino que eleva el criterio de discernimiento hacia la conciencia, la justicia y la trascendencia.
No se trata de colocarse en otro extremo del tablero, sino de salir del tablero.
Este primer texto inaugura una serie de reflexiones que buscarán desmontar, paso a paso, los grandes mitos que sostienen el pensamiento político y social contemporáneo: el mito de la neutralidad ideológica, el mito del crecimiento como sinónimo de progreso, el mito del mercado redentor, el mito del Estado salvador y el mito de la tecnología como solución ética.
El propósito no es sustituir una ideología por otra, sino abrir un camino de aprendizaje y desaprendizaje que permita recuperar lo más esencial: la centralidad del ser humano, su dignidad profunda y su vocación trascendente.
Tal vez hoy, más que elegir entre bandos, necesitamos aprender a elegir entre dos lógicas: la lógica de la deshumanización o la lógica de la humanización.
En el próximo artículo abordaremos el primer gran mito de nuestro tiempo: la falsaneutralidad de las ideologías.

